Alexandra López Vera

Alexandra López Vera
Desde un máster en Virginia Occidental hasta convertirse en profesora universitaria en California, su camino fuera de España comenzó con una oportunidad académica impulsada por una profesora murciana.

Lo que empezó como una experiencia temporal se convirtió en un proyecto de vida en el extranjero, sin perder nunca el vínculo con sus raíces. Murcia sigue presente en su acento, en sus recuerdos y en cada pequeño gesto cuando regresa.

A pesar de todo lo que ha construido fuera, no descarta volver algún día si surge la oportunidad de contribuir a su tierra desde la educación o la salud pública.

Aquí te dejamos su entrevista:

¿Por qué decidiste marcharte al extranjero?
Mi camino fuera de España comenzó gracias a una profesora de la Universidad de Murcia, la doctora Lourdes Cerezo, quien me brindó la oportunidad de estudiar un máster en Virginia Occidental. Años antes, había pasado un semestre en Chicago como estudiante, y desde entonces quedé profundamente prendada del país: su diversidad, su energía, y las posibilidades que ofrecía.

Tras completar el máster, fui seleccionada para realizar un doctorado, después otro máster, y finalmente un segundo doctorado en salud pública. Cada paso me fue llevando a nuevos espacios de aprendizaje y crecimiento, hasta que, sin buscarlo del todo, me encontré construyendo aquí una vida que me llena profundamente.

Hoy soy profesora en una facultad de medicina, dirijo un programa de español médico y tengo el privilegio de trabajar con estudiantes que quieren comunicarse mejor con sus pacientes hispanohablantes. En ese camino también me enamoré, me casé y formé aquí mi hogar.

A pesar de todo lo que he vivido fuera, nunca he dejado de mirar hacia mis raíces. Cada logro profesional ha sido también una forma de honrar, de dónde vengo y de pensar en cómo contribuir, desde la distancia, a lo que soy y lo que llevo dentro.

¿Qué es lo mejor de tu vida fuera?

Lo mejor de mi vida fuera ha sido poder vivir con lo mejor de dos mundos: la calidez de Murcia y las oportunidades de California. Aquí he conocido a personas increíbles, he crecido profesionalmente y he construido un hogar, pero siempre con mis raíces muy presentes.

Una de las cosas que más me gusta es cuando alguien me escucha hablar y, sin que diga de dónde soy, me dice: “¡¿Tú eres murciana, verdad?”! Mi acento sigue intacto, y lo llevo con muchísimo orgullo. Nunca he querido perderlo ni sonar diferente, porque es una parte esencial de quien soy. Me encanta poder hablar de Murcia, compartir nuestras expresiones, nuestras costumbres, y ver cómo la gente se interesa por mi tierra cuando la nombro con cariño y naturalidad.

¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra natal?

Echo de menos muchas cosas, pero primero, siempre la familia y los amigos. Nada sustituye una tarde en la cocina con mi madre o una comida rodeada de los míos, con esa alegría sencilla y natural que solo se encuentra en casa. Muy de cerca, echo de menos nuestra gastronomía, que para mí es un vínculo emocional con Murcia. De hecho, no exagero cuando digo que pago sueldos desorbitados por conseguir productos murcianos desde California.

Mi madre me visita al menos un par de veces al año y me trae lo que puede en la maleta —pero no hay nada como un pastel de carne bien hecho o una empanada de atún recién salida del horno. Y claro, también echo de menos pasear por nuestras calles, ese ambiente de barrio, el saludo del panadero, el olor del mercado, y cómo el sol ilumina hasta los rincones más pequeños del centro.

Murcia se lleva en la piel… y en el paladar.

¿Qué te haría volver algún día?

Siempre lo he dicho: no me fui para no volver. A veces fantaseo con recibir una oferta de trabajo en medicina o salud pública en Murcia, bien pagada y con impacto real, que me permita aportar todo lo que he aprendido fuera. Volver a enseñar en mi tierra, contribuir desde la educación o la salud, y reconectar con la comunidad que me vio crecer sería cerrar un círculo vital muy significativo para mí.

No dejo de imaginar lo que sería volver a vivir en mi tierra, pero ahora como profesional, haciendo algo que verdaderamente marque la diferencia.

¿Qué es lo primero que haces cada vez que vuelves?

Lo primero que hago, sin falta, es reservar un paseo en barca por el Segura, algo que me conecta con mi infancia y me da una paz inmediata. Después, me como un pastel de carne en Floridablanca, como manda la tradición, y me pierdo paseando por la Gran Vía, observando lo que ha cambiado y lo que permanece intacto.

También me gusta escaparme al monte y visitar la Fuensanta, que para mí es un lugar lleno de memoria y de aire puro. Y, por supuesto, paso por casa de mi madre, me siento con ella, y me tomo un café mirando la ventana, como cuando tenía veinte años.

Volver a Murcia no es solo llegar, es reconectarme con una parte de mí que solo existe allí, entre sus sabores, sus olores, sus calles y su gente. Es el lugar donde me reinicio y me recuerdo quién soy.