Pepe Ros

En 2013, en pleno azote de la crisis económica, vivía en Valencia, donde me había formado como médico hematólogo. Pero el trabajo escaseaba y las ganas de aventura pesaban más. Así que me compré un billete solo de ida a Londres, con la idea de mejorar mi inglés y ver qué me ofrecía el mundo.
Desde entonces, han pasado 12 años y aquí sigo, en una ciudad que, aunque tan distinta a Murcia, me ha acogido con los brazos abiertos. Lo mejor de vivir en una ciudad tan multicultural como Londres es que la diversidad no solo se respeta, sino que se celebra. En mi día a día comparto despacho con compañeros de Nigeria, India o Chipre, y aunque la cocina británica no tiene mucha fama, lo cierto es que aquí puedes encontrar comida de casi cualquier rincón del planeta.
También valoro mucho la mentalidad abierta y la cultura de inclusión que se respira. Aquí no importa tu nacionalidad, religión u orientación sexual: lo importante es quién eres y cómo contribuyes.
Pero como suele pasar cuando vives fuera, hay cosas que se echan de menos con fuerza. En mi caso, por este orden: mi familia, mis amig@s… y la ensaladilla rusa. Parece un cliché, pero es verdad. Cuando vuelvo a casa, lo primero que hago es abrazar a mis padres, luego salir de cañas con los amigos y, cómo no, pedirme una buena tapa de ensaladilla.
No descarto volver algún día. Pero para eso, tanto mi novio como yo necesitaríamos oportunidades laborales que nos permitieran mantener un equilibrio saludable entre la vida personal y profesional. Porque volver no es solo cuestión de ganas, también lo es de posibilidades.
Antes de despedirme, quiero daros las gracias por esta iniciativa. Como murciano que vive fuera, me emociona ver que desde allí también se tiene interés por conocer nuestras historias. Me siento murciano a rabiar, orgulloso de nuestra tierra y nuestra gastronomía, y allá donde voy, siempre llevo un trocito de Murcia conmigo.
Un fuerte abrazo,
Pepe Ros